jueves, 17 de febrero de 2011

Memorias de Africa / La senda de los elefantes





Jueves. Me despierto pronto, de noche. Me ducho y amanece con neblina. Tras desayunar se extiende una bruma que oculta el el paisaje verde, como si estuviéramos en el Goiherri, y comienza el sirimiri...
Iniciamos una marcha entre campos de café y setos con buganvillas y bananos. Son los alrededores de Karatu. Pronto comenzamos a ascender por las faldas del Ngorongoro y vemos boñigas de elefante como de 50 Kg.  Las huellas de estos animales tampoco están mal: de medio metro de diámetro cada una. Al parecer, por las noches atraviesan el bosque y hacen destrozos en los campos y huertas del poblado. Incluso vemos una cueva en donde los elefantes albergan a sus retoños y donde se surten de hierro y otros minerales.

Luego foto en la gran cascada y volvemos al hotel a mediodía. Comemos lo de siempre. Ya estoy un poco harto del arrocito y de la pata seca de pollo de todos los días. Por cierto, junto a nosotros come Florián, el alemán que nos ha acompañado en la excursión y que, al parecer, acaba con este safari su estancia en Tanzania, tras meses de rotación en Zanzibar, como estudiante de medicina. Pues bien, también se lo monta bien para comer: bistec y patatas fritas. ¡Se nota la superioridad germánica !
Por la tarde volvemos al SpringLands de Moshi. Tras 5 horas o más de jeep llegamos al hotel y bueno...al menos tenemos una vista espectacular del Mawenzi y del Kilimanjaro. El Kili está todo cubiero de nieve ( las tormentas que nos han caído los últimos días en el safari lo habrán teñido de blanco).

Anochece, cena, cerveza y gin-tonic, ¡ hay que recuperar los niveles etílicos perdidos durante la semana de ascensión al Kili.Pero duermo mal, doy muchas vueltas en la cama de enmedio. La mosquitera se me mete hasta el cogote. ¡Prefiero mil mosquitos con malaria !

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